Graba
Habla hasta tres minutos, carga un audio o dicta un texto. Codec 2, un códec de radioaficionados, deja cada segundo de voz en 150 bytes.
micrófono → 8 kHz → Codec 2
Voz → papel → voz
audiopapel graba un mensaje, lo comprime más de cien veces y lo reparte en códigos QR que puedes imprimir, pegar o regalar. Cualquier móvil con cámara lo vuelve a hacer sonar. Sin apps, sin cuentas y sin servidores: la voz viaja en el papel.
Apunta la cámara de tu móvil a este código: se abrirá audiopapel y te leerá el mensaje en voz alta.
Cómo funciona
Todo ocurre dentro del navegador. Nada se sube a ningún sitio: el mensaje sale de tu móvil impreso en papel y vuelve a sonar en otro móvil.
Habla hasta tres minutos, carga un audio o dicta un texto. Codec 2, un códec de radioaficionados, deja cada segundo de voz en 150 bytes.
micrófono → 8 kHz → Codec 2
El mensaje se trocea en códigos QR numerados: «Código 2 de 6». Imprímelos, recórtalos, pégalos donde quieras o muéstralos en pantalla.
bytes → Base32 → trozos → QR
Con la cámara del móvil, en cualquier orden. La página marca en verde cada trozo recibido y, cuando están todos, reconstruye la voz y la reproduce.
cámara → ordenar → juntar → altavoz
Ideas de uso
Un código QR cuesta lo que cuesta imprimirlo y dura lo que dure el papel. Estas son algunas cosas que se pueden hacer con él.
La tarjeta de cumpleaños de los abuelos, pero con su voz dentro. Se abre con cualquier móvil, hoy o dentro de veinte años.
Pega junto a cada receta la explicación de quien la inventó: «la masa, hasta que no se pegue a los dedos».
Cada trabajo de la exposición escolar se explica solo. Sin wifi, sin app y sin pedir cuentas a nadie.
Tarros, cajas, carpetas o la ropa de un familiar que ve poco: una etiqueta impresa que dice en voz alta qué es.
Escape rooms y búsquedas del tesoro con pistas de voz escondidas. Un mensaje partido en cinco QR obliga a encontrarlos todos.
Paquetes numerados, cabeceras, orden libre, compresión con pérdida: cómo viaja la información por Internet, con tijeras y celo.
El vocabulario de la semana con la voz del profesor, o en modo texto para que el móvil lo lea en voz alta.
Un mensaje para abrir dentro de diez años. Los datos están en el papel, no en un servidor que pueda cerrar.
Por dentro
audiopapel funciona como una red de ordenadores, pero en papel: el mensaje se parte en trozos con cabecera, los trozos llegan en cualquier orden y el receptor los vuelve a juntar. Así es por dentro uno de esos códigos:
https://audiopapel.com/audio_en_papel.html# ← todo lo que va tras «#» se queda en tu móvil: el navegador nunca lo envía al servidor
Ida
Vuelta
Codec 2 no guarda la onda de sonido: guarda una descripción de la voz (tono, energía, forma de la boca) y el receptor la vuelve a sintetizar. Por eso suena algo robótica, y por eso cabe en tan poco.
Curiosidad: el mismo QR nunca produce dos veces el mismo archivo de audio, aunque suene igual.
Un QR guarda los caracteres de dos formas: el modo byte admite cualquier letra y gasta 8 bits por carácter; el modo alfanumérico solo admite mayúsculas y cifras, pero gasta 5,5.
Por eso los datos van en Base32, solo con A–Z y 2–7: un 22 % más de voz en cada código.
Cada trozo dice qué número es y cuántos hay. Puedes escanearlos en cualquier orden y repetir alguno: el receptor los coloca en su sitio y avisa del primero que falta.
La herramienta es una sola página HTML con todo dentro: el códec (en WebAssembly), el generador y el lector de QR. Guarda una copia y tus papeles seguirán sonando aunque esta web desaparezca.
Dos formas de guardar un mensaje
Se guarda tu voz, con tu tono y tu forma de hablar.
Se guarda lo que dices, y el móvil lo lee con su propia voz.
Preguntas
No. audiopapel es una página web. Para grabar, ábrela en el navegador; para escuchar, basta la cámara del móvil. Si prefieres no depender de la conexión, puedes guardar la página y usarla sin Internet.
En el papel, y en ningún sitio más. La página no tiene un servidor que reciba tus grabaciones: todo se procesa en tu dispositivo. Los datos viajan tras el «#» del enlace, una parte de la dirección que el navegador nunca envía.
La única excepción es el dictado del modo texto: el reconocimiento de voz lo hace el servicio del propio navegador (Google o Apple), igual que cuando dictas en el teclado del móvil.
Porque para caber en papel la voz se comprime a 1.200 bits por segundo, menos del 1 % de lo que ocuparía sin comprimir. Codec 2, el códec que lo hace posible, se diseñó para radioaficionados: prioriza que se entienda lo que dices sobre la fidelidad del sonido.
Hasta tres minutos. Un minuto de voz son unos 6 códigos con el tamaño recomendado. Si usas el tamaño máximo, tres minutos caben en 14 códigos, aunque cuestan más de leer con cámaras modestas.
Sin todos los trozos el mensaje no se puede reconstruir, igual que un archivo al que le faltan páginas. El receptor te dice exactamente cuál falta. Para mensajes importantes, imprime dos copias.
Acerca el móvil hasta que el código llene el recuadro, busca buena luz y mantén el pulso. En Android, si la imagen sale borrosa, elige otra cámara en el desplegable: algunos móviles abren por defecto una gran angular que no enfoca de cerca. Y si aun así cuesta, genera los códigos con un tamaño más pequeño.
Para eso nació. El código está comentado en español paso a paso, del micrófono al altavoz, y sirve para hablar de compresión, codificación, protocolos de red, detección de errores y privacidad con un ejemplo que se puede tocar.